lunes, 14 de noviembre de 2011

Las autopsias sentimentales



MATTIN AÑORGA



galerianocturna-triplex.blogspot.com
Siempre he pensando que las autopsias cuando estamos vivos, son mejores.

Pero no las autopsias que conoce todo el mundo sobre partes de nuestro cuerpo, sino autopsias de nuestros sentidos, de nuestros sentimientos y de nuestros vicios.


Empecemos con esa autopsia. Albert espinosa, escritor catalán, quiso hacer una autopsia sexual. Para saber cual de nuestras mejillas había sido más veces besada, y así poder saciar la otra, el resto de nuestra vida. Siempre, con el hecho de no discriminar alguna.

Podríamos seguir y saber cual de nuestras partes del cuerpo, había sido más tocada, y cual menos....hasta podríamos saber, haber si nuestros labios tienen fecha de caducidad o ya no tienen tanta fuerza o tantas ganas de besar otros labios.

La autopsia sentimental como puede ser, la ambición o el gusto por las artes; música, teatro, danza o hasta el mayor solista monologando, tiene que ser sobre natural.

Seguro que sabríamos cuantos acordes podría tocar esa guitarra en ese concierto, o cuantas claves de sol mal afinadas se postran en el cantar del violín.

Los pasos imposibles de una buena danza serían descriptivos y seguramente también la talla de aquel vestido pegado...

La autopsia en el teatro nos depararía, la escena más valorada y más vista por los espectadores; el atrezzo más valioso y más viejo del escenario; la edad de los actores; el material de aquellos telones rojos arrugados y hasta el placer que sienten los actores por reclamar esa actitud.


Pero lo que me gusta de las autopsias no son sólo, lo que podemos saber de nosotros o de nuestras partes del cuerpo, sino el simple hecho de que te inspeccionen completamente, no sacas de verdad, lo que tú en el fondo tienes.

Por eso la autopsia de una melodía, o de una obra, o de un monólogo, nunca describirá ese final. Ya que nosotros la podemos cambiar cuando queramos.