MATTIN AÑORGA
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Pero no las
autopsias que conoce todo el mundo sobre partes de nuestro cuerpo, sino
autopsias de nuestros sentidos, de nuestros sentimientos y de nuestros vicios.
Empecemos
con esa autopsia. Albert espinosa, escritor catalán, quiso hacer una autopsia
sexual. Para saber cual de nuestras mejillas había sido más veces besada, y así
poder saciar la otra, el resto de nuestra vida. Siempre, con el hecho de no
discriminar alguna.
Podríamos
seguir y saber cual de nuestras partes del cuerpo, había sido más tocada, y
cual menos....hasta podríamos saber, haber si nuestros labios tienen fecha de
caducidad o ya no tienen tanta fuerza o tantas ganas de besar otros labios.
La autopsia
sentimental como puede ser, la ambición o el gusto por las artes; música,
teatro, danza o hasta el mayor solista monologando, tiene que ser sobre natural.
Seguro que
sabríamos cuantos acordes podría tocar esa guitarra en ese concierto, o cuantas
claves de sol mal afinadas se postran en el cantar del violín.
Los pasos
imposibles de una buena danza serían descriptivos y seguramente también la
talla de aquel vestido pegado...
La autopsia
en el teatro nos depararía, la escena más valorada y más vista por los
espectadores; el atrezzo más valioso y más viejo del escenario; la edad de los actores;
el material de aquellos telones rojos arrugados y hasta el placer que sienten
los actores por reclamar esa actitud.
Pero lo que
me gusta de las autopsias no son sólo, lo que podemos saber de nosotros o de
nuestras partes del cuerpo, sino el simple hecho de que te inspeccionen
completamente, no sacas de verdad, lo que tú en el fondo tienes.
Por eso la
autopsia de una melodía, o de una obra, o de un monólogo, nunca describirá ese
final. Ya que nosotros la podemos cambiar cuando queramos.
