Iñaki Rubio
Juantxo Egaña es Donostiarra y fotógrafo. Recientemente ha sido el comisario de la exposición “Phocus. Objetivo de una exposición” de la Sala Kubo de Kutxa. También es historiador de la fotografía, blogero, y twitero de cuanto acontece en la foto de aquí y de allá, pero sobre todo es fotógrafo. En concreto, lleva más de veinte años en los que ha desarrollado las áreas de la fotografía de arte, retrato, fotoperiodismo y ha cubierto trabajos para editoriales, como es la obra maestra “Restuarante Akelaŕe – Pedro Subijana”, joya en forma de libro de fotografías de la alta cocina.
¿Cómo te inicias en la fotografía?
Unas navidades me regalaron una Ricoh KR-5. Era una máquina muy dura, con un objetivo 50mm, muy luminoso, un 1,8 y como desde siempre en casa había vivido este mundo, el aita era operador de cine, ahí empecé. Siempre he tenido interés por lo cinematográfico y siempre he sido muy cinéfilo. Con 18 años hice un curso de video con Iñaki Aizpuru y más tarde uní mi interés del cine y la fotografía con los estudios de historia. Aunque siempre me ha interesado más la fotografía.
¿Historia de la fotografía o fotógrafo?
Yo siempre me he considerado fotógrafo a todos los niveles, me gusta ver las cosas, analizarlas y fotografiarlas.
¿En qué campo de la fotografía te desenvuelves mejor?
Me gusta mucho el fotoperiodismo, aunque no lo he desarrollado tanto. Me gusta estar detrás de la barrera, me gusta analizarlo como fotógrafo, pero quizás lo que más me apasione sea el mundo del arte: fotografiar el arte.
Puede que sea lo que más he fotografiado en mi vida, doscientos o trescientos catálogos de arte y libros. A través de ellos he entablado mucha relación con muchos escultores, pintores que han nutrido mi saber hacer. De hecho llegué a recibir clases de pintura.
Existe una interrelación entre el arte y la fotografía. Me fascina el mundo del arte, y el hecho de tener que ir a fotografiar un Rivera o un Picasso o cualquier otro tipo de pintura o una escultura. De primeras parecen cosas sencillas, pero tienes que saber trabajar muy bien la iluminación.
Ese tipo de cosas siempre me han atraído porque aprendes mucho. De hecho, a todos los alumnos que pasan conmigo en prácticas les suelo recomendar dos lecturas: una de Ortega y Gasset, “Papeles sobre Velázquez y Goya”, y otra del arquitecto japonés Junichiro Tanizaki, “El elogio de la sombra”, que trata de la luz, la arquitectura.
También he hecho otros campos como foto-fija en el cine, que está muy bien aunque sea otro mundo totalmente diferente de la fotografía.
¿Cuál es tu equipo favorito?
Yo me quedo siempre con la Hasselblad 6x6. Después de adentrarme en 35mm con mi Ricoh KR-5, lo siguiente que me compré fue una Hasselblad 500 CM y la he tenido toda la vida. Todavía hay un cliente, un pintor, que quiere ver las fotos en diapositiva y todos los años una vez al año la saco otra vez. Creo que la he mandado una vez a arreglar.
Es una cámara mecánica que trabajo con tres objetivos: angular, el normal de 80mm y un macro-tele. El macrotele me parece una óptica impresionante, es un 120mm de Hasselblad de una calidad muy buena. Actualmente, además de las Nikon y otras digitales, también trabajo con la Hasselblad digital.
¿Cómo llevas a cabo la preproducción de una foto?
Según qué tipo de fotografía. Si hablamos de una foto para un libro de arte o de un artista me gusta antes leer sobre el autor, su biografía, ver lo que hace. Se puede llegar a un sitio, poner la iluminación, enchufar la máquina, todo está técnicamente correcto pero durante la preproducción me gusta saber algo de esa persona. Si es un retrato en estudio la preparación de maquillaje, vestuario, poses, te puede llevar una semana y la foto dispararla tan sólo puede que sean cinco minutos. Lo que menos me gusta es cuando no tienes información de lo que vas hacer. Por ejemplo, te encargan la portada de una revista y te dicen: “tienes que hacer una foto para una portada en un entorno y lugar determinado” y no te dan más información.
Te citan al mediodía, una luz estridente, horrorosa (un solazo impresionante) y haces la foto. Pero me hubiera gustado antes conocer la zona, al retratado… pienso que es muy importante el preparar bien una imagen de este tipo, tener toda la información.
¿Y la postproducción? ¿el retoque? ¿Cómo influye en tu trabajo?
Nunca sale directamente la foto, siempre hay que retocar algo: las curvas, el contraste, el foco. Yo mientras estoy haciendo la fotografía ya me doy cuenta si la foto tiene mayor o menor proceso de postproducción. Por lo general yo no hago mucho trabajo de postproducción. Creo que ahora hay programas informáticos, filtros, por ejemplo, está muy de moda el Instagram que te permite aplicar mil filtros a la fotografía. Está muy bien, pero son modas que desaparecen. Seguramente de la misma manera que estaban, desaparecen dentro del mundo de la historia de la fotografía. Incluso la técnica también desaparecerá, como la lomografía ha tenido su boom.
¿Cuándo te planteas un libro como el de Akelaŕe, una obra extensa, como se plantea cada fotografía? ¿cómo es posible que un producto de tantas fotos el producto final sea tan compacto, tan potente?
Yo cada vez que veo algo veo los elementos. Para mí es muy importante ver todos los elementos que componen el plato o la estructura de lo que es el plato y es muy importante mirar de manera diferente. Muchas veces vemos pero no observamos. Quizás otros lo ven y ya está, pero yo lo tengo que observar, tengo que analizar todo una y otra vez hasta que lo tengo. También hay momentos en los que ves y dices, esta es la foto y no hago ninguna foto más.
Pero siempre necesito analizar los elementos que componen la foto y verlos desde otra posición. También puede suceder que crees cosas abstractas, o te dejas influenciar por tus vivencias en el mundo del arte, sobre todo cuando has visto y fotografiado mucha escultura.
¿Qué género fotográfico es el que menos has trabajo y te gustaría expresarte en él?
El fotoperiodismo, el plasmar las cosas como son, aunque siempre está la subjetividad en la mirada. Sobre todo por dar una visión diferente de lo que nos acostumbran a ver. Hoy por ejemplo, he cogido tres portadas distintas con el mismo tema, la capitalidad Cultural de Donostia, y me he fijado en las fotografías más que en la noticia escrita: Noticias de Gipuzkoa, Diario Vasco y Gara.
Noticias de Gipuzkoa centra la imagen en un grupo de concejales y de la consejera de Cultura. Aparecen el alcalde y la consejera de cultura brindando. El Diario Vasco, muestra en su fotografía una pancarta que sacan en el ayuntamiento hablando de la capitalidad, olatutalka… y se ve a todos los concejales. Por último, en Gara, se ve a todos brindando, mucho más extendida, mucha más gente, más perdida.
A partir de ahí analizas y lo que hago para ello es quitar el articulo escrito y poner las tres fotos. Veo la foto de los concejales y el alcalde del ayuntamiento brindando y pienso: les ha tocado la lotería, ha subido la Real a primera, ha ganado la liga… ¿es una foto que está hecha? ¿está preparada? Están ahí con los vasos… Ya no hay una información objetiva. Están preparando algo para los periodistas y los fotógrafos. No me gusta esa imagen. Demasiado preconcebida y no sé si tiene hasta cierto punto de manipulación. La de El Diario Vasco, me gusta porque es justo en el momento de desplegar la pancarta. También está preparada, eso está claro. Está sacada en el momento en el que el Consejo de Ministros Europeo les da la capitalidad. Despliegan la pancarta y está el alcalde en medio. No ves casi figuras humanas, pero despliegan toda la pancarta y sabes que es todo el ayuntamiento. Ya no necesitas más información: ves la pancarta y la capitalidad cultural. Tú ves esa imagen y ya sabes qué es.
¿Alguna anécdota?
Sucedió en el Festival de Cine de Donostia, trabajando para la revista del Festival. Se presentaba la película del “El Zorro” y había una masa de fotógrafos en el Hotel María Cristina. Acabada la sesión fotografíca me quedé a solas con Anthony Hopkins, Antonio Banderas y Catherine Zeta-Jones y yo, que soy muy mitómano, vi que el estar con estos tres actores a los que podía en ese momento hacer fotos diferentes, no me produjo ninguna sensación.
No hice más fotos que las de la sesión y me di cuenta que había perdido la ilusión. Y yo que soy de esas personas que cree que cuando pierdes la ilusión en un trabajo lo mejor es marcharse. Me di cuenta de que había terminado mi recorrido con el Festival.