Joseba Zúñiga
El músico y actor uruguayo Jorge Drexler
ha sido el presidente del Jurado del premio Horizontes Latinos en la última edición del Zinemaldia donostiarra. Allí, tuvimos ocasión de charlar con él sobre su música, el
arte y el cine.
En 2008, Jorge Drexler ganó un Oscar
a la Mejor Banda Sonora por la película “Diarios de motocicleta”. Ahora,
aparte de haber publicado más de diez discos, también actúa y es jurado de
festivales de cine.
PREGUNTA.- Si pudiéramos hacer una
foto de su cabeza en este momento, ¿qué veríamos?
RESPUESTA.- Cuando estoy de gira, no
acabo de salir del escenario. Estoy todo el día pensando en que mañana voy a
estar en el escenario, en que ayer estuve, en la secuencia de canciones, en la
guitarra... Recién me acabo de dar cuenta que hay que cambiarle las cuerdas a
la guitarra.
Eso, mezclado con una recepción muy
ávida de información a los lugares a los que voy. Trato de hablar mucho,
pregunto más de lo que respondo porque me interesa mucho Costa Rica... Estoy
muy curioso con este país. Me dan muchas ganas de que, cuando terminen las
entrevistas, ir al centro, ver, ir a comer y observar cómo habla la
gente.
P.- ¿Qué es lo que más le ha llamado
la atención de Costa Rica?
R.- Una especie de actitud que
sobrevuela al país. Una mezcla de civilización con algo natural, que es muy
bonito. Me parece un país muy inteligente... Me hace recordar Uruguay, en
muchas cosas. Dos cosas que me fascinan, aunque conozco muy poco: el Pacífico,
nos fuimos a Esterillos, que eso es impagable, y, luego, Wálter Ferguson, que
es una de mis obsesiones personales.
P.- ¿Por qué le interesa conocer
acerca de los países que visita? A otros de su profesión les da igual…
R.- El día que las cosas me den lo
mismo, me voy a buscar otras cosas que me interesen. En mi vida, nunca nada me
da lo mismo. Soy muy goloso, muy curioso, me gusta saber. Creo que el día que
deje de interesarme por las cosas, me retiro, no solo de la música sino de la
vida. No se me ocurre desperdiciar la oportunidad de conocer cosas de un sitio;
lo único que lamento es no poder quedarme más.
P.- ¿Cuál es su fórmula para
mantener la energía que derrocha en cada concierto?
R.- Creo que el estar abierto a las
cosas, el disfrutar de ellas me carga las pilas, me hace feliz. Cantar me carga
las pilas, no me quita energía. Yo salgo mejor físicamente de un show de
lo que entro”.
P.- ¿El ánimo de la gente hace que
usted cambie el concierto?
R.- No en el rendimiento
profesional. Hay una base profesional que está dada más allá de la respuesta
del público. Yo estoy muy abierto en los conciertos, no ando con el piloto
automático. No me da igual. Mi compromiso es con estar presente, si hay un
problema técnico paro y lo intento arreglar.
P.- Sus seguidores creen que usted,
más que cantante, es un poeta que juega con la música.
R.- equivocan. Yo soy más
cancionista que poeta. Hasta hace un año, te hubiera dicho: no soy un poeta,
pero, a través de Twitter , he empezado a escribir
versos sin música. Me gusta mucho la utilización de la palabra. La palabra y la
melodía, pero sobretodo la palabra; es mi documento de identidad de alguna
manera.
P.- ¿Cómo se definiría como persona?
R.- Me cuestan mucho las
definiciones, más sobre géneros artísticos, más sobre una persona, y más si esa
persona soy yo; no tengo perspectiva. Me cuesta mucho la concreción, soy una
persona dispersa, tiendo a dispersar las cosas.
P.- Escribe para muchos artistas.
¿Cuál es la diferencia entre esto y escribir para uno mismo?
R.- Acabo escribiendo siempre desde
mí, aunque escriba para otra persona. Estás ahí, dando vueltas con la guitarra
y, de golpe. algo te emociona... Esto es como si entraras en un jardín y sintieras
un perfume, y no sabes muy bien de dónde viene. Te vas moviendo por el jardín,
y aquí está más fuerte, y se va y vuelve; lo vas buscando a ciegas, y lo agarrás,
lo incorporás y se te fue. Eso es escribir para mí. Luego, tienes que hacer una
cosa para renovar el perfume, porque si te quedas un tiempo ahí oliendo, a
veces puedes perder la primera emoción que tenía.
P.- ¿Le gusta actuar?
R.- Sí. Al principio, me daba miedo
pero he acabado por cogerle el gusanillo, como dicen ustedes, los
españoles…(Ríe)
