miércoles, 20 de febrero de 2013

Maribel Verdú, mala profesional

 

Iñaki Ferreras/Joseba Zúñiga

zinemaldia2012

 

 

 

 

Blancanieves, de Pablo Berger, ha copado 10 Goyas, incluyende el de mejor peícula, pero su carrera partió desde Donostia. A pesar de los sanbenitos de muda y b/n, el boca a boca funciono. ¿Funcionó? cabe preguntarse si su paso por las salas donostiarras tras el Zinemaldia fue relevante. Sin embargo regresa con fuerza a la cartelera impulsada por los 10 cabezones. Maribel Verdú, con su goya a la mejor actriz, es la bruja.


Quizás uno de los grandes alicientes de esta Blancanieves sea su bruja: una Maribel Verdú en plenitud absoluta de facultades interpretativa. No es un reconocimiento cualquiera, porque es la novena vez que la actriz, de 42 años, acaricia el sueño de convertirse en una de las mejor intérprete del país . Además, ha aceptado ser la imagen comercial de El Corte Inglés, en una campaña llena de guiños a su último éxito.


Maribel está encantada como la pérfida madrastra de la Blancanieves de Pablo Berger y asegura que se ha sentido cómoda en el universo de fábula porque, confiesa, en la vida “me han contado muchos cuentos, pero ya se me han olvidado. Al final, el mayor cuento que hay es el de la vida”, explica. Verdú, en ese punto de convergencia entre los hermanos Grimm y Pablo Berger, entre las manzanas envenenadas y los toros, ha encontrado, sin decir ni una sola palabra y en blanco y negro, quizás uno de los papeles más deslumbrantes de su carrera. “Los cuentos son aterradores, pobres niños. Son tremendos y muy crueles”, dice Verdú, quien lo ha pasado peor en todas esas historias que ella, con su labor de actriz, ha relatado al público que en la vida, en la que afirma que se ha sentido siempre “una privilegiada”. 

Acostumbrada a personajes torturados, a dar el do de pecho llorando y sufriendo, ahora se ha sentido como una auténtica diva. "Para mí ha sido un disfrute. Acostumbrada a hacer de pobre, con pocos recursos... Para qué contarte, la Guerra Civil, chal, botas de borrego... De repente, días y días de glamour, venga pruebas... Me hicieron 18 vestidos y tocados, y pelucas y maquillaje", explica entusiasmada. Demostrada su habilidad para los personajes complejos en películas como Amantes, Y tu mamá también, La buena estrella o la que le dio el Goya, Siete mesas de billar francés, Maribel Verdú vuelve a sonar a premio, pero celebra que esta vez sea con personaje sin trabajo emocional, sino realizar la mejor de las caricaturas.


Mala profesional

"¿Perdona? ¿Profundización psicológica? No. Trabajo para divertirme, para disfrutar. Este papel ha sido el regalo mayor, el disfrute mayor. No te puedes imaginar cómo nos lo pasábamos de bien, cómo entramos en el código de Pablo Berger, que nos pidió cuatro cosas muy concretas", explica. Berger le propuso el papel desde el principio, pero no le dio el guión, porque tenía que explicarle el atípico acercamiento al cuento de Blancanieves, que a Verdú le pareció “maravilloso” y “un viaje en el tiempo, que te hace entrar y olvidarte del mundo, de esta bonita situación que estamos viviendo...”, ironiza. Y, pese a estar ambientada en la España de los años 20 del siglo pasado, Maribel Verdú sí ve conexión actual en su perfidia. “Mi personaje es de profesión mala, nada más. Y lo único que quiere es ser mala y famosa. Salir en todas las revistas del corazón en la portada. Hoy querría estar en todos los programas de prensa rosa”, asegura. “No tengo espejo, pero tengo manzana envenenada”, explica, y reconoce que, pese a la larga tradición de villanas glamurosas que existen en la historia del cine, no se ha basado en nadie. “Solo tenía que transmitir lo escrito en el guion. Ser una mala peculiar. Patética, pero muy divertida”. Verdú sólo tiene buenas palabras para el equipo y el reparto de Blancanieves, un filme en el que los niños “van a disfrutar como enanos". 


Maribel Verdú’ / Nuria Vidal

Aunque resulte difícil de creer, Maribel Verdú ha cumplido veinticinco años en el cine. En este tiempo ha rodado más de sesenta películas a las órdenes de los directores más prestigiosos dentro y fuera de España, en papeles por los que ha recibido un sinfín de premios y que no dejan lugar a dudas sobre la talla de la actriz, protagonista de alguna de las secuencias más sensuales de la historia del cine español. Una mujer de su tiempo y con una personalidad arrolladora que trasciende la gran pantalla por su naturalidad, su simpatía desbordante, el compromiso sin límites con su trabajo y un entusiasmo que la lleva a colaborar con directores noveles y en películas de escaso presupuesto. Con el desenfado y la gracia que la caracterizan, nos habla sin reparos de éxitos y fracasos, de sus amigos, de las ciudades que ama o de las malas experiencias. Confiesa que le desagrada madrugar, que adora el orden y que le encanta salir a comer fuera porque no le gusta cocinar, o que su casa está llena de libros y pingüinos. Descubrimos a la Maribel más íntima, la que se muestra tal y como es, sin miedo a decir lo que piensa.