Iñaki Ferreras/Joseba Zúñiga
zinemaldia2012
Blancanieves, de Pablo Berger, ha copado 10 Goyas, incluyende el de mejor peícula, pero su carrera partió desde Donostia. A pesar de los sanbenitos de muda y b/n, el boca a boca funciono. ¿Funcionó? cabe preguntarse si su paso por las salas donostiarras tras el Zinemaldia fue relevante. Sin embargo regresa con fuerza a la cartelera impulsada por los 10 cabezones. Maribel Verdú, con su goya a la mejor actriz, es la bruja.
Quizás uno de los grandes alicientes de
esta Blancanieves sea su bruja: una Maribel Verdú en plenitud
absoluta de facultades interpretativa. No es un reconocimiento cualquiera, porque es la novena vez
que la actriz, de 42 años, acaricia el sueño de convertirse en una
de las mejor intérprete del país . Además, ha aceptado ser la
imagen comercial de El Corte Inglés, en una campaña llena de guiños
a su último éxito.
Maribel está encantada como la pérfida
madrastra de la Blancanieves de Pablo Berger y asegura que se ha
sentido cómoda en el universo de fábula porque, confiesa, en la
vida “me han contado muchos cuentos, pero ya se me han olvidado. Al
final, el mayor cuento que hay es el de la vida”, explica. Verdú,
en ese punto de convergencia entre los hermanos Grimm y Pablo Berger,
entre las manzanas envenenadas y los toros, ha encontrado, sin decir
ni una sola palabra y en blanco y negro, quizás uno de los papeles
más deslumbrantes de su carrera. “Los cuentos son aterradores,
pobres niños. Son tremendos y muy crueles”, dice Verdú, quien lo
ha pasado peor en todas esas historias que ella, con su labor de
actriz, ha relatado al público que en la vida, en la que afirma que
se ha sentido siempre “una privilegiada”.
Acostumbrada a personajes torturados, a
dar el do de pecho llorando y sufriendo, ahora se ha sentido como una
auténtica diva. "Para mí ha sido un disfrute.
Acostumbrada a hacer de pobre, con pocos recursos... Para qué
contarte, la Guerra Civil, chal, botas de borrego... De repente, días
y días de glamour, venga pruebas... Me hicieron 18 vestidos y
tocados, y pelucas y maquillaje", explica entusiasmada.
Demostrada su habilidad para los personajes complejos en películas
como Amantes, Y tu mamá también, La buena estrella o la que le dio
el Goya, Siete mesas de billar francés, Maribel Verdú vuelve a
sonar a premio, pero celebra que esta vez sea con personaje sin
trabajo emocional, sino realizar la mejor de las caricaturas.
Mala profesional
"¿Perdona? ¿Profundización
psicológica? No. Trabajo para divertirme, para disfrutar. Este papel
ha sido el regalo mayor, el disfrute mayor. No te puedes imaginar
cómo nos lo pasábamos de bien, cómo entramos en el código de
Pablo Berger, que nos pidió cuatro cosas muy concretas",
explica. Berger le propuso el papel desde el principio, pero no le
dio el guión, porque tenía que explicarle el atípico acercamiento
al cuento de Blancanieves, que a Verdú le pareció “maravilloso”
y “un viaje en el tiempo, que te hace entrar y olvidarte del mundo,
de esta bonita situación que estamos viviendo...”, ironiza. Y,
pese a estar ambientada en la España de los años 20 del siglo
pasado, Maribel Verdú sí ve conexión actual en su perfidia. “Mi
personaje es de profesión mala, nada más. Y lo único que quiere es
ser mala y famosa. Salir en todas las revistas del corazón en la
portada. Hoy querría estar en todos los programas de prensa rosa”,
asegura. “No tengo espejo, pero tengo manzana envenenada”,
explica, y reconoce que, pese a la larga tradición de villanas
glamurosas que existen en la historia del cine, no se ha basado en
nadie. “Solo tenía que transmitir lo escrito en el guion. Ser una
mala peculiar. Patética, pero muy divertida”. Verdú sólo tiene
buenas palabras para el equipo y el reparto de Blancanieves, un filme
en el que los niños “van a disfrutar como enanos".
‘Maribel Verdú’ / Nuria Vidal
Aunque resulte difícil de creer,
Maribel Verdú ha cumplido veinticinco años en el cine. En este
tiempo ha rodado más de sesenta películas a las órdenes de los
directores más prestigiosos dentro y fuera de España, en papeles
por los que ha recibido un sinfín de premios y que no dejan lugar a
dudas sobre la talla de la actriz, protagonista de alguna de las
secuencias más sensuales de la historia del cine español. Una mujer
de su tiempo y con una personalidad arrolladora que trasciende la
gran pantalla por su naturalidad, su simpatía desbordante, el
compromiso sin límites con su trabajo y un entusiasmo que la lleva a
colaborar con directores noveles y en películas de escaso
presupuesto. Con el desenfado y la gracia que la caracterizan, nos
habla sin reparos de éxitos y fracasos, de sus amigos, de las
ciudades que ama o de las malas experiencias. Confiesa que le
desagrada madrugar, que adora el orden y que le encanta salir a comer
fuera porque no le gusta cocinar, o que su casa está llena de libros
y pingüinos. Descubrimos a la Maribel más íntima, la que se
muestra tal y como es, sin miedo a decir lo que piensa.
