Entrevista a Álex de la Iglesia, director de "Las
Brujas de Zugarramurdi"
Iñaki
Ferreras
Joseba Zúñiga
El
director Álex de la Iglesia (“Balada triste de trompeta”, “El día de la
bestia”) vuelve a la guerra de sexos con “Las brujas de
Zugarramurdi”, presentada este fin de semana en el Festival Internacional
de Cine de San Sebastián. Pero esta vez lo hace con un humor más abierto, menos
cínico y amargo que en sus películas anteriores. La custodia de los hijos y las
tensiones en las relaciones sentimentales son los temas centrales de la cinta,
envueltos en una historia de brujas y aquelarres que es una auténtica locura
marketinera.
El cine de
Alex de la Iglesia o enciende pasiones o genera odios ancestrales. Porque el
cineasta lo que menos busca en sus cintas es dejar indiferente a nadie. Lo hará
mejor o peor pero nunca pasa desapercibido.
P.- ¿Cree
que con esta película vuelve a sus orígenes, al cine loco con algo de tema
serio de fondo?
R.- No. Esta
película es más amable y menos ácida, es verdad, porque lo que busca es que la
gente se ría de lo tonto que puede ser un hombre y también de lo terrible que
puede ser una mujer. Particularmente, prefiero ser malo que tonto.
P.- ¿Por qué
las brujas? ¿Tiene cierta animaversión hacia las mujeres?
R.- No, pero
creo que todos los hombres somos muy tontos, que tenemos escasa capacidad de
comprensión del mundo de las mujeres. Los personajes de la película hablan
todos de las mujeres, pero al revés de cómo suele hacerse. Es una comedia
romántica al revés. Me divertía ver a los hombres con miedo a las mujeres. El
personaje de Mario Casas es un seductor, pero es un tipo que sufre porque no
sabe manejar el horno, porque tiene muchos botones y ese horno es como el
símbolo de las mujeres.
P.- ¿Esta
película es la otra cara de “Balada triste de trompeta”?
R.- Sí, de
alguna forma. Pero ésta es más amable y divertida. También es una forma de
reírme de mis carencias y de mis problemas.
P.- La
película refleja su forma de ser?
P.- Cuando
haces una película exageras todo y lo conviertes en una farsa. No tengo esos
problemas, pero sí hay en la película cosas que me han pasado a mí, como meter
a mis hijas en sitios donde no deberían estar.
Mario Casas
haciendo reír
P.-
¿Por qué ha elegido a Mario Casas para un papel cómico, algo a lo que el actor
no nos tiene acostrumbrados?
R.- A Mario
le había visto en películas como “Fuga de cerebros” e intuí que tenía
talento para la comedia. Me recuerda a Toni Curtis. Con Hugo Silva me
recuerdan a Toni Curtis y Roger Moore. Al comienzo, cuando estábamos ensayando,
ya vi que Mario Casas se iba a dejar, que tenía más ganas que yo de hacer el
idiota y de ponerse en ridículo. Él y Hugo Silva se quieren mucho y les encajan
bien los caracteres.
Las
coproducciones, necesarias
P.- Esta es
una coproducción con Francia. ¿Cree que, ahora más que nunca, coproducir es
imprescindible?
R.-
Realmente, la situación del cine español es muy complicada. Ahora, yo también
quiero producir a mis amigos, usar lo que sé del cine para ayudarles y es algo
que me está costando mucho…