El actor español Eduard Fernández fue Concha de Plata al Mejor Actor, en el reciente Zinemaldia, por encarnar a Francisco Paesa en la película “El hombre de las mil caras”. No fue fácil investigar sobre la verdadera personalidad del espía que entregó a Roldán.
El actor catalán Eduard Fernández (“La noche
que mi madre mató a mi padre”, “Marsella”) fue Concha de Plata al Mejor Actor,
en la 64 edición del Zinemaldia por su papel como Paesa en el “El hombre de las
mil caras”.
Fernández recrea con absoluta maestría el personaje de
Paesa, el espía español que ocultó a Luis Roldán acusado de corrupción y
malversación de fondos, y, posteriormente, le entregó al Gobierno español,
quedándose con todo el dinero del ex político… y trasmite el ambiente de este
juego de pillos arrabaleros dentro de la alta política. En el momento de
recoger el premio, Fernández reconoció estar "muy emocionado”.
El actor también destacó la "profunda
generosidad" del director del filme, Alberto Rodríguez,
"que no se ha vuelto tonto" (tras el éxito de “La isla
mínima”), y al que "llevará siempre en el corazón", aseguró.
Fernández encarna en "El hombre
de las mil caras" al ex agente secreto Francisco Paesa, un hombre
que engañó a todo el mundo y tuvo un importante papel en la fuga del exjefe de
la Guardia Civil, Luis Roldán. Tras la presentación de la película, Fernández
reconoció que el trabajo para construir el personaje fue complicado porque
había mucha información sobre lo que hizo Paesa, pero poca sobre su verdadera
personalidad
El actor tuvo su momento para recordar al escurridizo
Paesa, cuya interpretación le ha valido el galardón, "Ese ser curioso,
controvertido que igual me está viendo…. Me he inventado a usted con un
guión repleto de verdades y mentiras, porque esta película cuenta muchas
mentiras pero tal vez hemos contado alguna verdad".
El actor definió al personaje como "alguien que
trabaja en la ficción, en la ilusión, un ser que necesita la adrenalina y el
poder para vivir", y cuenta con una dificultad de empatía a su favor para
manipular al otro.
La película está rodada al estilo de las mejores
películas de espías de los años sesenta y setenta, con un ritmo trepidante, una
perfecta caracterización de los personajes y una ambientación impecable.