lunes, 10 de diciembre de 2012

Jorge Drexler, un músico polivalente y especial




Joseba Zúñiga


El músico y actor uruguayo Jorge Drexler ha sido el presidente del Jurado del premio Horizontes Latinos en la última edición del Zinemaldia donostiarra. Allí, tuvimos ocasión de charlar con él sobre su música, el arte y el cine.


En 2008, Jorge Drexler ganó un Oscar a la Mejor Banda Sonora por la película “Diarios de motocicleta”. Ahora, aparte de haber publicado más de diez discos, también actúa y es jurado de festivales de cine.

PREGUNTA.- Si pudiéramos hacer una foto de su cabeza en este momento, ¿qué veríamos?
RESPUESTA.- Cuando estoy de gira, no acabo de salir del escenario. Estoy todo el día pensando en que mañana voy a estar en el escenario, en que ayer estuve, en la secuencia de canciones, en la guitarra... Recién me acabo de dar cuenta que hay que cambiarle las cuerdas a la guitarra.
Eso, mezclado con una recepción muy ávida de información a los lugares a los que voy. Trato de hablar mucho, pregunto más de lo que respondo porque me interesa mucho Costa Rica... Estoy muy curioso con este país. Me dan muchas ganas de que, cuando terminen las entrevistas, ir al centro, ver, ir a comer y observar cómo habla la gente. 

P.- ¿Qué es lo que más le ha llamado la atención de Costa Rica?
R.- Una especie de actitud que sobrevuela al país. Una mezcla de civilización con algo natural, que es muy bonito. Me parece un país muy inteligente... Me hace recordar Uruguay, en muchas cosas. Dos cosas que me fascinan, aunque conozco muy poco: el Pacífico, nos fuimos a Esterillos, que eso es impagable, y, luego, Wálter Ferguson, que es una de mis obsesiones personales.

P.- ¿Por qué le interesa conocer acerca de los países que visita? A otros de su profesión les da igual…
R.- El día que las cosas me den lo mismo, me voy a buscar otras cosas que me interesen. En mi vida, nunca nada me da lo mismo. Soy muy goloso, muy curioso, me gusta saber. Creo que el día que deje de interesarme por las cosas, me retiro, no solo de la música sino de la vida. No se me ocurre desperdiciar la oportunidad de conocer cosas de un sitio; lo único que lamento es no poder quedarme más. 

P.- ¿Cuál es su fórmula para mantener la energía que derrocha en cada concierto?
R.- Creo que el estar abierto a las cosas, el disfrutar de ellas me carga las pilas, me hace feliz. Cantar me carga las pilas, no me quita energía. Yo salgo mejor físicamente de un show de lo que entro”. 

P.- ¿El ánimo de la gente hace que usted cambie el concierto? 
R.-  No en el rendimiento profesional. Hay una base profesional que está dada más allá de la respuesta del público. Yo estoy muy abierto en los conciertos, no ando con el piloto automático. No me da igual. Mi compromiso es con estar presente, si hay un problema técnico paro y lo intento arreglar.

P.- Sus seguidores creen que usted, más que cantante, es un poeta que juega con la música.
R.-  equivocan. Yo soy más cancionista que poeta. Hasta hace un año, te hubiera dicho: no soy un poeta, pero, a través de Twitter , he empezado a escribir versos sin música. Me gusta mucho la utilización de la palabra. La palabra y la melodía, pero sobretodo la palabra; es mi documento de identidad de alguna manera. 

P.- ¿Cómo se definiría como persona?
R.- Me cuestan mucho las definiciones, más sobre géneros artísticos, más sobre una persona, y más si esa persona soy yo; no tengo perspectiva. Me cuesta mucho la concreción, soy una persona dispersa, tiendo a dispersar las cosas. 

P.-  Escribe para muchos artistas. ¿Cuál es la diferencia entre esto y escribir para uno mismo?
R.- Acabo escribiendo siempre desde mí, aunque escriba para otra persona. Estás ahí, dando vueltas con la guitarra y, de golpe. algo te emociona... Esto es como si entraras en un jardín y sintieras un perfume, y no sabes muy bien de dónde viene. Te vas moviendo por el jardín, y aquí está más fuerte, y se va y vuelve; lo vas buscando a ciegas, y lo agarrás, lo incorporás y se te fue. Eso es escribir para mí. Luego, tienes que hacer una cosa para renovar el perfume, porque si te quedas un tiempo ahí oliendo, a veces puedes perder la primera emoción que tenía.

P.- ¿Le gusta actuar?
R.- Sí. Al principio, me daba miedo pero he acabado por cogerle el gusanillo, como dicen ustedes, los españoles…(Ríe)

miércoles, 31 de octubre de 2012

Un palmarés de largo alcance en las salas

Zinemaldia 2012

Un palmarés tan redondo como el número de la edición del Zinemaldia: comunión de público y crítica ante una sólida y variada oferta de cine.


Joseba Zúñiga

“Dans la maison”, del director francés François Ozon, ganó la Concha de Oro a la mejor película de la 60ª edición del Zinemaldia, mientras que la Concha de Plata la ganó Fernando Trueba por la dirección de “El artista y la modelo”, rodada en francés. Asimismo, la actriz de Blancanieves, Macarena García, compartió con Katie Coseni, de “Foxfire”, de Laurent Cantet, la Concha de Plata a la mejor actriz, y la de actuación masculina quedó en manos del veterano José Sacristán por su papel de asisesino senil en “El muerto y ser feliz”, una película no del gusto de públicos muy adocenados.

En esta edición el palmarés se conoció en el marco de la gala de clausura del festival en el Palacio Kursaal, ni hacia media tarde como era habitual en otras ediciones. La ceremonia, no excisivamente cálida y más bien breve, tuvo su mejor momento cuando el celebrado Dustin Hoffman recibió el Premio Donostia Especial de manos del argentino Ricardo Darín, quien resumió en pocas palabras la tarea que le asignó la organización del festival: "Este señor es tan grande, que no necesita presentación". Cabes señalar que Dustin Hoffman llegó a Donostia con su primera película como director en la maleta: “The Quartet”

Más tarde, el presidente del jurado de la Sección Oficial de Donostia, se retiró a un discreto segundo plano, y sólo regresó al escenario para acompañar en su salida a Hoffman, quien se mostró emocionado por la prolongada ovación del público que colmó la sala principal del Kursaal, donde tuvo lugar la gala de cierre.
Otros galardones del palmarés otorgados por el jurado fueron para Touraj Aslani, por la fotografía de “Rhino season”, del cineasta iraní Bahman Ghobadi; para François Ozon, por el guión de “Dans la maison”, adaptación de una obra teatral del español Juan Mayorga, y para la película “Blancanieves”, del bilbaino Pablo Berger, que obtuvo el Premio Especial del Jurado.


martes, 30 de octubre de 2012

Entrevista con Juantxo Egaña



Iñaki Rubio


Juantxo Egaña es Donostiarra y fotógrafo. Recientemente ha sido el comisario de la exposición “Phocus. Objetivo de una exposición” de la Sala Kubo de Kutxa. También es historiador de la fotografía, blogero, y twitero de cuanto acontece en la foto de aquí y de allá, pero sobre todo es fotógrafo. En concreto, lleva más de veinte años en los que ha desarrollado las áreas de la fotografía de arte, retrato, fotoperiodismo y ha cubierto trabajos para editoriales, como es la obra maestra “Restuarante Akelaŕe – Pedro Subijana”, joya en forma de libro de fotografías de la alta cocina.



¿Cómo te inicias en la fotografía?

Unas navidades me regalaron una Ricoh KR-5. Era una máquina muy dura, con un objetivo 50mm, muy luminoso, un 1,8 y como desde siempre en casa había vivido este mundo, el aita era operador de cine, ahí empecé. Siempre he tenido interés por lo cinematográfico y siempre he sido muy cinéfilo. Con 18 años hice un curso de video con Iñaki Aizpuru y más tarde uní mi interés del cine y la fotografía con los estudios de historia. Aunque siempre me ha interesado más la fotografía.

¿Historia de la fotografía o fotógrafo?

Yo siempre me he considerado fotógrafo a todos los niveles, me gusta ver las cosas, analizarlas y fotografiarlas.

¿En qué campo de la fotografía te desenvuelves mejor?

Me gusta mucho el fotoperiodismo, aunque no lo he desarrollado tanto. Me gusta estar detrás de la barrera, me gusta analizarlo como fotógrafo, pero quizás lo que más me apasione sea el mundo del arte: fotografiar el arte.

Puede que sea lo que más he fotografiado en mi vida, doscientos o trescientos catálogos de arte y libros. A través de ellos he entablado mucha relación con muchos escultores, pintores que han nutrido mi saber hacer. De hecho llegué a recibir clases de pintura.

Existe una interrelación entre el arte y la fotografía. Me fascina el mundo del arte, y el hecho de tener que ir a fotografiar un Rivera o un Picasso o cualquier otro tipo de pintura o una escultura. De primeras parecen cosas sencillas, pero tienes que saber trabajar muy bien la iluminación.

Ese tipo de cosas siempre me han atraído porque aprendes mucho. De hecho, a todos los alumnos que pasan conmigo en prácticas les suelo recomendar dos lecturas: una de Ortega y Gasset, “Papeles sobre Velázquez y Goya”, y otra del arquitecto japonés Junichiro Tanizaki, “El elogio de la sombra”, que trata de la luz, la arquitectura.

También he hecho otros campos como foto-fija en el cine, que está muy bien aunque sea otro mundo totalmente diferente de la fotografía.

¿Cuál es tu equipo favorito?

Yo me quedo siempre con la Hasselblad 6x6. Después de adentrarme en 35mm con mi Ricoh KR-5, lo siguiente que me compré fue una Hasselblad 500 CM y la he tenido toda la vida. Todavía hay un cliente, un pintor, que quiere ver las fotos en diapositiva y todos los años una vez al año la saco otra vez. Creo que la he mandado una vez a arreglar.

Es una cámara mecánica que trabajo con tres objetivos: angular, el normal de 80mm y un macro-tele. El macrotele me parece una óptica impresionante, es un 120mm de Hasselblad de una calidad muy buena. Actualmente, además de las Nikon y otras digitales, también trabajo con la Hasselblad digital.

¿Cómo llevas a cabo la preproducción de una foto?

Según qué tipo de fotografía. Si hablamos de una foto para un libro de arte o de un artista me gusta antes leer sobre el autor, su biografía, ver lo que hace. Se puede llegar a un sitio, poner la iluminación, enchufar la máquina, todo está técnicamente correcto pero durante la preproducción me gusta saber algo de esa persona. Si es un retrato en estudio la preparación de maquillaje, vestuario, poses, te puede llevar una semana y la foto dispararla tan sólo puede que sean cinco minutos. Lo que menos me gusta es cuando no tienes información de lo que vas hacer. Por ejemplo, te encargan la portada de una revista y te dicen: “tienes que hacer una foto para una portada en un entorno y lugar determinado” y no te dan más información.

Te citan al mediodía, una luz estridente, horrorosa (un solazo impresionante) y haces la foto. Pero me hubiera gustado antes conocer la zona, al retratado… pienso que es muy importante el preparar bien una imagen de este tipo, tener toda la información.

¿Y la postproducción? ¿el retoque? ¿Cómo influye en tu trabajo?

Nunca sale directamente la foto, siempre hay que retocar algo: las curvas, el contraste, el foco. Yo mientras estoy haciendo la fotografía ya me doy cuenta si la foto tiene mayor o menor proceso de postproducción. Por lo general yo no hago mucho trabajo de postproducción. Creo que ahora hay programas informáticos, filtros, por ejemplo, está muy de moda el Instagram que te permite aplicar mil filtros a la fotografía. Está muy bien, pero son modas que desaparecen. Seguramente de la misma manera que estaban, desaparecen dentro del mundo de la historia de la fotografía. Incluso la técnica también desaparecerá, como la lomografía ha tenido su boom.

¿Cuándo te planteas un libro como el de Akelaŕe, una obra extensa, como se plantea cada fotografía? ¿cómo es posible que un producto de tantas fotos el producto final sea tan compacto, tan potente?

Yo cada vez que veo algo veo los elementos. Para mí es muy importante ver todos los elementos que componen el plato o la estructura de lo que es el plato y es muy importante mirar de manera diferente. Muchas veces vemos pero no observamos. Quizás otros lo ven y ya está, pero yo lo tengo que observar, tengo que analizar todo una y otra vez hasta que lo tengo. También hay momentos en los que ves y dices, esta es la foto y no hago ninguna foto más.

Pero siempre necesito analizar los elementos que componen la foto y verlos desde otra posición. También puede suceder que crees cosas abstractas, o te dejas influenciar por tus vivencias en el mundo del arte, sobre todo cuando has visto y fotografiado mucha escultura.

¿Qué género fotográfico es el que menos has trabajo y te gustaría expresarte en él?

El fotoperiodismo, el plasmar las cosas como son, aunque siempre está la subjetividad en la mirada. Sobre todo por dar una visión diferente de lo que nos acostumbran a ver. Hoy por ejemplo, he cogido tres portadas distintas con el mismo tema, la capitalidad Cultural de Donostia, y me he fijado en las fotografías más que en la noticia escrita: Noticias de Gipuzkoa, Diario Vasco y Gara.
Noticias de Gipuzkoa centra la imagen en un grupo de concejales y de la consejera de Cultura. Aparecen el alcalde y la consejera de cultura brindando. El Diario Vasco, muestra en su fotografía una pancarta que sacan en el ayuntamiento hablando de la capitalidad, olatutalka… y se ve a todos los concejales. Por último, en Gara, se ve a todos brindando, mucho más extendida, mucha más gente, más perdida.

A partir de ahí analizas y lo que hago para ello es quitar el articulo escrito y poner las tres fotos. Veo la foto de los concejales y el alcalde del ayuntamiento brindando y pienso: les ha tocado la lotería, ha subido la Real a primera, ha ganado la liga… ¿es una foto que está hecha? ¿está preparada? Están ahí con los vasos… Ya no hay una información objetiva. Están preparando algo para los periodistas y los fotógrafos. No me gusta esa imagen. Demasiado preconcebida y no sé si tiene hasta cierto punto de manipulación. La de El Diario Vasco, me gusta porque es justo en el momento de desplegar la pancarta. También está preparada, eso está claro. Está sacada en el momento en el que el Consejo de Ministros Europeo les da la capitalidad. Despliegan la pancarta y está el alcalde en medio. No ves casi figuras humanas, pero despliegan toda la pancarta y sabes que es todo el ayuntamiento. Ya no necesitas más información: ves la pancarta y la capitalidad cultural. Tú ves esa imagen y ya sabes qué es.

¿Alguna anécdota?

Sucedió en el Festival de Cine de Donostia, trabajando para la revista del Festival. Se presentaba la película del “El Zorro” y había una masa de fotógrafos en el Hotel María Cristina. Acabada la sesión fotografíca me quedé a solas con Anthony Hopkins, Antonio Banderas y Catherine Zeta-Jones y yo, que soy muy mitómano, vi que el estar con estos tres actores a los que podía en ese momento hacer fotos diferentes, no me produjo ninguna sensación.

No hice más fotos que las de la sesión y me di cuenta que había perdido la ilusión. Y yo que soy de esas personas que cree que cuando pierdes la ilusión en un trabajo lo mejor es marcharse. Me di cuenta de que había terminado mi recorrido con el Festival.